Los apodos de Mr. T

sábado, mayo 23, 2009 / Publicado por Mr. T /



Hola a todos... son casi las 9am y tengo que salir con urgencia todo el día. Hoy no podré postear así que los dejo con algo para que se entretengan por mientras. Yo también sacaré algo de mi anticuario así que los dejo con un artículo mío que escribí a los 19 años, durante mis tiempos de estudiante alpinchista... Antes de la existencia de los blogs había algo que se llamaban cadenas, que afortunadamente cada vez menos gente usa, gracias a ellos... en fin, los dejo...


LA GÉNESIS DEL APODO

autor: Yo, pe varón, ta que pareces nuevo cácsula...


Mucho se dice sobre apodos y sobrenombres, chaplines vilipendiosos y vejantes que todo el mundo (y en verdad, todo el mundo) ha tenido alguna vez en su vida. Siendo conocedores ustedes de mi afán sociópata por hacer reflexiones tontas y poco profundas sobre temas que a nadie importan; imaginarán ya que un tema tan rico e interesante como éste no podía quedarse sin recibir al menos un par de tecleadas de mi parte. Serán expuestas algunas ideas sobre el mecanismo productor del apodo en nuestras latitudes, en las que un poco más que en otras partes, los prejuicios y la alegría por la desgracia ajena constituyen parte fundamental de su formación. Dejemos a genios de la talla de Bertrand Russell meditar en torno a la complicadísima maquinaria humorística de los sajones.




El apodo surge siempre en circunstancias arbitrarias, no se podría intentar teorizar propiamente si no comprendemos esta cuestión primero; es que en muchos casos dicho apodo puede cambiar si cambian las condiciones externas o internas del apodado (Ejemplo: Muchos de los que en el período de 1997 al 2000 tenían el apodo de Krilin tuvieron a partir del 2001 un apodo diferente tras la pasada de moda de Dragon Ball). En otros casos, puede quedar para siempre aunque las condiciones cambien (Ejemplo: Nunca falta un tipo de leonina cabellera al que le llaman el Pelao, sólo porque la primera vez que llegó al colegio hace como siete años apareció con el cabello rapado).






Primero comprendamos algunas cosas:

La primera impresión es la que queda para siempre y la que determina la posterior evolución del apodo. Cambiar un apodo cuando la gente ya tiene formada una imagen de primera mano del individuo, es cosa en sumo grado difícil. Cuando se tiene una personalidad variable, da lugar a que apodos aparentemente contradictorios surjan de diversos lados.

De aquí se desprenden las tres principales clases de apodos, clasificados por su origen:

Apodo funcional. Clásico, sin rodeos, empírico-racional, puro y duro. El Gordo Grasa, doña Tetolinda, el líder de la Banda del Choclito, la Cucaracha Martina y los mil y dos epígonos de la Paisana Jacinta.




Apodo contranatura. Ironía inversa típica de perezosos mentales que quieren parecer vivos. Un buen ejemplo de esta clase de apodo sería mi tío Diógenes, albino con problemas de fotosensibilidad crónica a quien cariñosamente llamamos "El Negro". A un primo mío realmente le causaba mucha gracia que mi querido tío Diógenes no pudiese dar un paso fuera de la casa durante el día sin riesgo de quedar como jamón curado andaluz. Con todo su criollismo de guitarras, cajónes, Felipe Pinglo, toma mientras y Ferrando que lo descubrió; ingeniosamente y para regocijo de toda la familia, le llamaba el Tío Drácula. Aunque éste es un caso especial del Apodo Funcional, lo menciono aquí sólo para comentar la tristemente célebre historia del buen Tío Diógenes.

Apodo derivativo. Producto de la evolución de un apodo anterior. Mi amigo Dante, quien sin ser aprista pero producto de los azares del espacio-tiempo histórico terminó apodándose "Huicho". A efectos de la revolución mediática que se inició a mediados del siglo pasado, muchos de los apodos utilizados han sido influidos de la reiteración prolongada, principalmente, de dibujos animados, programas cómicos, comerciales, o, en algo menor medida, telenovelas. Generalmente lo determina el parecido físico o psicológico del fantoche en cuestión (Ejemplo común: La típica vieja que te hacía la vida imposible enseñándote Lenguaje en primaria; no podría haber tenido un apodo más adecuado que el de "La Munra", traducción en peruano de Moom-Ra, el taxidérmico enemigo de los Thundercats).





Las influencias son muchas, un sociololgazán ilustradillo podría nombrarlas y detallarlas con más exactitud. Repito que lo realmente sorprendente del apodo es que no se sabe exactamente cómo es que surge en la mente, cómo se produce. El apodo no tiene un mecanismo riguroso y lógico-racional que pueda ser expuesto aquí; de hecho, nace influenciado por las circunstancias más arbitrarias y disímiles. Como las moscas aristotélicas, parecen creados por generación espontánea, rutilantes en el aire y prestos a ser captados con nuestros sentidos.

A mi juicio no hay mejor ejemplo que el de mi amigo Dante Ventura Aquino, a quien mencioné líneas antes cuando hablaba del Apodo Derivativo, precisamente porque son los apodos derivativos los que plasman en mayor medida la auténtica esencia del apodo, el juego de circunstancias.



Dante Ventura Aquino, amigo primarioso perdido ya por las eras del año 95. Ciertamente, a los infelices párvulos nos causó gracia el segundo apellido de nuestro nuevo amigo -años después supe que había un cura con su mismo apellido que se hizo muy famoso por saber sumar-. Era el momento de ponerle chapa -porque los niños son siempre botellas vacías que con el tiempo son llenadas de pichi y sacadas al mercado-. No sé si habrá sido sólo por intento fallido de rima o producto de algún apetito ancestral heredado de los antiguos peruanos, que le pusimos la tapa rosca -también lo era nuestro amigo- de "Quinua" al buen Dante. "Miren, ahí va Dante Ventura Quinua", "Habla pe, Dante Quinua", "Ese Quinua es un con...", etc, etc. Sin embargo, esa clase de apodos se gastan rápido y en meses dejan de dar risa. Era prioridad crear otro que lo supere, a riesgo de producir un desequilibrio peligroso en el establishment de relaciones de poder entre los escolares.






Por esos tiempos, científicos estadounidenses habían descubierto las altas propiedades nutritivas de la kiwicha y la NASA lo prescribió como alimento para astronautas. Así fue que, a base de este producto, un astuto industrial peruano fabricó una revolucionaria bebida nutritiva, multivitamínica, pasteurizada y homogeneizada. El resto fue fácil, una breve pero reiterativa y exitosa campaña psicosocial, fue mediatizando (mediocrizando/idiotizando) a las madres para obligar a sus potenciales astronautitas a tomarse esa porquería (Ojo, no tenemos nada contra la kiwicha, pero sí contra el derivado). El asco contra dicho producto desencadenó una reacción antikiwicha en esos niños cuyo odio canalizarían en el único ser sobre la tierra que tenía nombre de cereal. Así, Dante Ventura Quinua se transformaría en Dante Ventura Kiwicha o Dante Ventura Kiwigen. Tras el auge, la decadencia; dijo la ruca del barrio cuando cumplió cuarenta y decidió meterse a un convento. El apodo decayó. Es más, duró mucho menos que el primero. Cuando ya no sabíamos qué decirle -y él era de esas personas a las que no puedes decirles nada porque no tienes nada que decir- apareció una nueva telenovela mexicana estelarizada por cierto ente que tenía un tono de voz entre Rossy War y Melcochita y una belleza andrógina que hacía juego con el vestido. En esta telenovela participaba un carismático y divertido personaje, el gran "Huicho" Bonavides (el de la Buena Vida). Prototipo humano de sociedades latinoamericanas en las que a la gente le gusta andar recontra fashion aunque no tenga ni para el té. Bueno, ya comprenderán la idea. Era una buena oportunidad para renovar el apodo. El mecanismo aquí fue más sencillo. La primera vez se produjo el apodo por intento de rima, la segunda vez por analogía alimenticia y esta vez por pseudo-rima teledirigida por la televisión. Ahora nuestro amigo Dante pasaría a ser conocido como "Huicho" sin tener el más mínimo parecido con dicho personaje. Y todo por apellidarse Aquino.




¡Vaya con esto de los apodos! ¡Tienes que vivirlos de cerca para comprender su auténtico significado!

Sin embargo, debemos acotar aquí que éstas no son las únicas clases de apodos que existen y que éstas más bien son infinitas. Tantas como circunstancias encare el ser humano. Sería trabajo interesante para filólogos, historiadores y filósofos el hallar una conexión determinante entre la calidad intrínseca de los apodos de la gente y su progreso cultural. Ahí, donde el humor requiera de mayor cantidad de imaginación (médula del progreso) habrá un mayor avance. Y ni hablar de los datos que pueden desprenderse de ellos; como el estudio de modas, prejuicios e incluso hasta ideas. (Por ejemplo, la increíble cantidad de Murcis desperdigados en todas las zonas urbanas del país o los prolongados duelos verbales entre la Lengua ´e Culebra y la Ráscate con Vidrio dan datos interesantes sobre el nivel de identidad individual de nuestros jóvenes). Personalmente, soy un partidario de los apodos, si bien muchas veces son cáusticos y excesivos, el apodo, bien entendido, es un ejercicio interesante a las habilidades de nuestra mente, una forma de pensamiento lateral que no debe ser reprimida y, como toda forma de humor, permite soportar esas discrepancias entre lo ideal y real de la existencia, responder en forma positiva a las situaciones, disculpar las cotidianas deficiencias de los demás (y con más madurez, también las de uno mismo) y la más importante, olvidar por un momento que la vida es una mierda.

2 comentarios:

Bianca Alcázar on 23 de mayo de 2009 12:48

Felicitaciones Tony querido, es de los mejor que has escrito. Un abrazo. Bianca.

Comment by Raulín Raulón... on 24 de mayo de 2009 23:04

T, hay que hacer una lista de apodos. Aquí hay algunos muy indecorosos:

- Pelo de axila: Quisiera ser pendejo y estar entre las piernas de ella, pero es lo primero que se va cuando habrá gol.

- Feto de cuatro meses: La única mujer que percibe su presencia es su vieja.

- Pescador fino: Lo suyo es sólo cabrilla y bonito.

"El Gordo Grasa" lo es todo.

Publicar un comentario en la entrada