Regionalistas vs. Hemisféricos: Un nuevo paradigma para la defensa en Sudamérica
Esta semana se llevó a cabo el Seminario Internacional sobre Políticas de Defensa, organizado por el Centro Peruano de Estudios Internacionales (CEPEI), el Ministerio de Defensa del Perú y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Fueron dos días de debate y discusión por parte de diplomáticos, personal militar tanto en actividad como en retiro, académicos, periodistas y estudiantes universitarios entre otros. Se tocaron diversos puntos de la problemática de Seguridad en nuestra región y las propuestas necesarias para su solución. En el nuevo contexto de nuestro continente, la pregunta clave fue esta: ¿El esquema de seguridad en Sudamérica debe seguir siendo de alcance hemisférico, o debemos apelar a estructuras de carácter subregional? En términos más sencillos: ¿Con Estados Unidos, o sin ellos?
Esta es la pregunta clave porque nuestra región está pasando por un proceso de integración que se mueve a diversas velocidades: Por un lado, los dos organismos de integración regional más grandes (Comunidad Andina y MERCOSUR) están en una crisis de objetivos. Si bien la CAN ha dado buenos resultados en materia comercial (por ejemplo, son los países comunitarios nuestros principales compradores de productos no tradicionales); en materia de integración estamos prácticamente nulos. Salvo el Pasaporte, esa ciudadanía andina que prometió la CAN hasta ahora no puede materializarse. Sin embargo, algo se ha avanzado en esta materia a través de Tratados Bilaterales, un buen ejemplo de esto es lo que se ha venido trabajando con Ecuador.
Ahora, con respecto a la Seguridad y Defensa en la región, tenemos toda una estructura institucional con organismos, consejos, grupos de discusión, cumbres y demás en el marco del sistema interamericano. Evidentemente los Estados Unidos tienen ese liderazgo hemisférico, al ser ellos quienes tienen ¨la palabra dirimente¨ en organismos como la OEA y mecanismos como el TIAR. ¿Y cuál es el problema con eso? Que al no sentir los países sudamericanos que exista una comunidad de intereses entre el norte y el sur, deba este último unir sus sistemas de defensa para afrontar problemas comunes. Ese es el origen del llamado Consejo Sudamericano de Defensa, que estaría dentro de las estructura de la UNASUR impulsada por Brasil.

El proyecto de UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) se basa en el marco de una unión de estos dos bloques, más Venezuela que se encuentra en la CAN con reservas y Chile que decidió salirse regresó como asociado el año 2006, sin embargo posteriormente se le negó reincorporarse como miembro pleno. Brasil impulsa este difícil proceso porque comprende que su proyección global como nueva potencia intermedia sólo podrá darse integrando a Sudamérica bajo su dirección. Una Sudamérica dirigida por Brasil tendría una población de 361 millones de habitantes, , un PIB de casi un billón de dólares, el 27% del agua dulce del mundo, ocho millones de km2 de bosques, hidrocarburos para 100 años y sólo dos lenguas hegemónicas. (Cabe notar que Brasil desde 2005 viene impulsando la Ley del Español, que obliga a todas las escuelas secundarias públicas y privadas a la enseñanza de este idioma, con el objetivo de tener una población bilingue dentro de 10 años). Otro factor es el hecho de que en una eventual apertura del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Brasil desea un asiento permanente, lo cual le permitiría compartir el poder de toma de deciones globales con las grandes potencias. De otra manera, los objetivos de dicho país quedarán postergados.

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Esta es la pregunta clave porque nuestra región está pasando por un proceso de integración que se mueve a diversas velocidades: Por un lado, los dos organismos de integración regional más grandes (Comunidad Andina y MERCOSUR) están en una crisis de objetivos. Si bien la CAN ha dado buenos resultados en materia comercial (por ejemplo, son los países comunitarios nuestros principales compradores de productos no tradicionales); en materia de integración estamos prácticamente nulos. Salvo el Pasaporte, esa ciudadanía andina que prometió la CAN hasta ahora no puede materializarse. Sin embargo, algo se ha avanzado en esta materia a través de Tratados Bilaterales, un buen ejemplo de esto es lo que se ha venido trabajando con Ecuador.
Ahora, con respecto a la Seguridad y Defensa en la región, tenemos toda una estructura institucional con organismos, consejos, grupos de discusión, cumbres y demás en el marco del sistema interamericano. Evidentemente los Estados Unidos tienen ese liderazgo hemisférico, al ser ellos quienes tienen ¨la palabra dirimente¨ en organismos como la OEA y mecanismos como el TIAR. ¿Y cuál es el problema con eso? Que al no sentir los países sudamericanos que exista una comunidad de intereses entre el norte y el sur, deba este último unir sus sistemas de defensa para afrontar problemas comunes. Ese es el origen del llamado Consejo Sudamericano de Defensa, que estaría dentro de las estructura de la UNASUR impulsada por Brasil.

Hasta ahora todo bien, pero la pregunta del millón es: ¿Es en verdad viable un proyecto de esta envergadura?
Dentro de la lógica realpolitiquera clásica, si el enemigo de mi enemigo es mi amigo, entonces se supone que el unir esfuerzos en materia de Defensa implica que los enemigos comunes que tiene la región son realmente suficientes como para que valga la pena la unión de esfuerzos. El paradigma de seguridad del siglo XXI está orientado al combate de nuevas amenazas: Narcotráfico, terrorismo, tráfico de armas ligeras, tráfico de personas, contrabando, lavado de activos y demás. Es por ello que Brasil ha dicho que este Consejo no es una alianza militar clásica del tipo OTAN, sino un foro de discusión sobre los temas que competen a los países de UNASUR.
El proyecto de UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) se basa en el marco de una unión de estos dos bloques, más Venezuela que se encuentra en la CAN con reservas y Chile que decidió salirse regresó como asociado el año 2006, sin embargo posteriormente se le negó reincorporarse como miembro pleno. Brasil impulsa este difícil proceso porque comprende que su proyección global como nueva potencia intermedia sólo podrá darse integrando a Sudamérica bajo su dirección. Una Sudamérica dirigida por Brasil tendría una población de 361 millones de habitantes, , un PIB de casi un billón de dólares, el 27% del agua dulce del mundo, ocho millones de km2 de bosques, hidrocarburos para 100 años y sólo dos lenguas hegemónicas. (Cabe notar que Brasil desde 2005 viene impulsando la Ley del Español, que obliga a todas las escuelas secundarias públicas y privadas a la enseñanza de este idioma, con el objetivo de tener una población bilingue dentro de 10 años). Otro factor es el hecho de que en una eventual apertura del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Brasil desea un asiento permanente, lo cual le permitiría compartir el poder de toma de deciones globales con las grandes potencias. De otra manera, los objetivos de dicho país quedarán postergados.

Como conclusión, insistimos en que por más pretensiones del siglo XXI que tenga el flamante Consejo de Defensa Sudamericano, su real efectividad se comprobará al tener que lidiar con problemas del siglo XX e incluso del XIX, (derivados de las fracturas ideológicas entre bloques Venezuela-Bolivia-Ecuador y Perú-Colombia-Chile). Quizás el más difícil de estos retos esté ligado a la creciente preocupación del Perú por una posible carrera armamentista en la región. Lamentablemente, siendo realistas, la adquisición de sistemas de armas por un Estado, corresponde a un derecho soberano, y ningún Estado o político debería criticar compras militares de un Estado que no es el suyo. Asimismo, la OEA, la UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano estatutariamente no pueden opinar sobre asuntos soberanos.


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