En uno de sus famosos ensayos, José Carlos Mariátegui analiza la coherencia del discurso ideológico de Mussolini, el cual comenzó como un ardiente socialista para de ahí pasar al extremo de ser el líder de la reacción italiana. Nunca fue una cuestión de ideología (justificación teórica de la praxis) sino de personalidad política (justificación práctica de la teoría). Mussolini era básicamente, un bipolar, tomándose a si mismo como centro de la acción, le daba lo mismo que la lucha fuese en nombre del capitalismo, comunismo, anarquismo, fascismo, etc; siempre y cuando hubiese enemigos externos a los cuales aplastar, cuya imagen sirviese para unir a la población en una égida revolucionaria en nombre de conceptos sin sentido, precisamente como los que Mussolini tenía en la cabeza.
Pues bien, para nadie es una novedad que Alan García adolece de ese trastorno mental que le exige el uso de ingentes cantidades de litio para mantener su equilibrio emocional medianamente estable. Hasta hace un par de años, era un lugar común decir que García viró del estatismo extremo al liberalismo radical. Ahora más que nunca podemos ver que nuestro actual presidente es el mismo que hace 15 años. No es cuestión de ideología, sino de personalidad. Al igual que Mussolini (guardando las distancias, por supuesto), a García no le interesa la ideología que lo motive, su supuesta inclinación por el liberalismo económico es sólo circunstancial, y sería la misma si la "moda global de crecimiento y desarrollo" se diera en el marco de un estado fascista o comunista. Alan nunca dejó de ser estatista hasta el día de hoy, porque el liberalismo económico es incompatible con un gobierno que tiene tan elevadas tasas de transacción a nivel de operadores políticos (léase lobbys y faenones). Los petroaudios son una fiel muestra de la relación entre grupos de poder económico y sistema político. Se han visto en peligro muchos faenones, eso es lo único que podría explicar la cerrazón del gobierno en no querer dar marcha atrás con la derogación del decreto 1090. (Y estamos a la espera del "truquito" de por medio ahora que se logró) La pregunta que debemos hacernos la formuló Alejandro Toledo en una entrevista que dio a IdeeleRadio: ¿Qué vínculo hay entre los petroaudios y las concesiones de terreno en la selva? ¿Y quienes son los responsables de estas irregulares transacciones?

En el post sobre Política Exterior Peruana que escribí hace un tiempo, un agudo lector me hace notar que, salvo el tema de los asilos a Rosales y a los ministros bolivianos; todas las torpezas diplomáticas mencionadas no tuvieron que ver con el actuar de la Cancillería, sino con la del Presidente de la República; por lo que el artículo no debería llamarse La soberbia de la Política Exterior Peruana, sino La torpeza diplomática de Alan García (y nadie le dice nada).

Con los hechos de sangre en Bagua, la imagen del Perú en el exterior ha quedado por los suelos. La prensa internacional le da con palo al Gobierno por el pésimo manejo que ha hecho de este conflicto. A ver, un breve inventario: Haber dejado que este conflicto se infle artificialmente por desidia del mismo gobierno (nuevamente el tema de la soberbia, pensar que no pasa nada y que luego los nativos se aburrirían y se irían a sus casas a comer paiche; de paso la responsabilidad paralela de los medios de comunicación que esperaron a que fuera muy tarde para cubrir el asunto); segundo, la falta de apoyo de inteligencia para la realización del operativo y el ninguneo del mismo por parte de la peor Ministra del Interior que he visto (¡A pocos meses de la experiencia del Bosque de Pómac!); tercero, la polarización inútil entre peruanos con spots que no servirían para consumo externo, mucho menos para el interno; y por último, la absurda estrategia de silenciar a gente vinculada en juicios sensibles para el gobierno (léase Carlos Rivera y Manuel Dammert).
Ayer un profe decía en su clase: Los peruanos tienen la enfermedad de Europa del Este; aunque están cansados de las injusticias sociales terminan votando siempre a la derecha. Pero esta crisis ha sido tan mal manejada que es probable que produzca que la izquierda (siempre desunida) termine aliándose, al menos transitoriamente con el objetivo de pedir una vacancia presidencial o algo por el estilo.
Lo peor de todo es que parece que esas faltas absolutas de sentido común no sólo suceden aquí. Haciendo un paralelo internacional, hace pocas semanas, la CIA declaró que sus fallas con respecto a su estrategia antiterrorista en Afganistán provenían de su absoluto desconocimiento de las divisiones político-religiosas que afrontaba dicho país, por lo que ahora querían negociar con los Talibanes "moderados". El problema radica en que aún no identifican quiénes lo son. ¿Qué acaso no se hizo un estudio antropológico básico para saber qué tribus eran radicales y cuáles no para poder hallar oportunidades de diálogo? ¿Quiere decir que durante casi 8 años se la pasaron luchando contra "El Talibán" (en abstracto, como si se hablara del Koopa de Mario Bros) sin conocer siquiera sus realidades internas?
Vean este video, a partir del segundo 0:32 hasta el 1:06 y verán a lo que me refiero:
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(*) Artículo dedicado a Lhiz

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